Ecos del futuro: la música global ante su nueva década

Por Diana Urquiza Flores y Víctor Manuel Gutiérrez López

La industria musical se encuentra en un punto de inflexión histórico. Tras una década de crecimiento sostenido impulsado por el streaming y el regreso de la música en vivo después de la pandemia, las proyecciones de los próximos diez años muestran un panorama complejo pero prometedor. Según el informe Music in the Air 2025 de Goldman Sachs, el mercado global de la música alcanzará los 196.800 millones de dólares en 2035, casi el doble de los 104.900 millones registrados en 2024 (Ríos, 2025). Este crecimiento, sin embargo, no será uniforme: mientras que la música en vivo y la monetización de superfans se perfilan como motores principales, el streaming comienza a mostrar signos de desaceleración y saturación.

De manera paralela, el informe de MIDiA Research destaca que, aunque el negocio de la música aún no ha alcanzado la madurez en su fase de recuperación, se prevé un aumento del 72% en los ingresos globales por música grabada hacia 2030 (MIDiA, 2023). Ambos reportes coinciden en que la industria experimentará una transformación estructural, marcada por la diversificación de ingresos, la irrupción de nuevas tecnologías y el protagonismo creciente de los mercados emergentes.

El sector de la música en vivo será la columna vertebral del crecimiento económico en la industria durante la próxima década. Goldman Sachs proyecta que el negocio del directo generará 38.200 millones de dólares en 2025, con un crecimiento sostenido hasta alcanzar los 67.100 millones en 2035 (Ríos, 2025). Este dinamismo se explica por la creciente disposición de los consumidores, en especial Millennials y Generación Z, a gastar más en experiencias culturales. Entre 2019 y 2024, los precios promedio de entradas aumentaron un 40% en estadios y un 37% en salas, lo cual refleja tanto la resiliencia como el carácter aspiracional del consumo musical en vivo. Aunque los conciertos masivos seguirán liderando, también se observa un auge en los festivales boutique y las experiencias inmersivas, que buscan satisfacer la demanda de propuestas personalizadas y exclusivas.

El streaming continúa siendo la fuente predominante de ingresos para la música grabada, pero su ritmo de expansión empieza a estabilizarse. Para 2025 se estiman 827 millones de suscriptores pagos, con un crecimiento proyectado hasta 1.511 millones en 2035 (Ríos, 2025). No obstante, el incremento neto de 2024 fue el más bajo desde 2017, y los ingresos crecieron solo un 4,8%, muy por debajo de lo esperado. MIDiA Research también coincide en que el streaming representará el 82% de los ingresos musicales en 2030, lo que lo convierte en el eje central del negocio, aunque con una dependencia riesgosa (MIDiA, 2023). En este sentido, la monetización enfrenta presiones derivadas de planes familiares y descuentos, que han reducido el ingreso promedio por usuario en un 40% desde 2016 (Martin, 2023). Además, los ingresos por hora de reproducción son cuatro veces más bajos que los de plataformas de video como Netflix, lo que expone una brecha de monetización preocupante (Martin, 2023). Este desequilibrio sugiere que la industria deberá replantear el modelo de reparto de regalías y explorar esquemas diferenciados que prioricen la calidad sobre la cantidad de reproducciones.

Uno de los hallazgos más destacados del informe de Goldman Sachs es la relevancia de los superfans como fuente de ingresos adicional. Se estima que este segmento —usuarios dispuestos a pagar significativamente más por beneficios exclusivos— podría generar hasta 4.300 millones de dólares extra en 2026 (Ríos, 2025). El 20% de los suscriptores de servicios de música de pago entra en esta categoría. Este grupo está abierto a pagar por experiencias VIP, contenido personalizado o lanzamientos anticipados. Para artistas y sellos, este nicho representa una oportunidad estratégica de fidelización y diferenciación en un entorno digital saturado. El reto, sin embargo, será diseñar propuestas de valor atractivas que no se limiten a la venta de mercancía, sino que incorporen elementos inmersivos y comunitarios, alineados con la cultura participativa de las nuevas generaciones.

Lejos de desincentivar la demanda, los incrementos en los precios de plataformas como Spotify y Apple Music no han afectado la retención de usuarios premium. Esto abre la posibilidad de introducir planes superpremium, con beneficios exclusivos y mayores niveles de personalización (Ríos, 2025). Actualmente, el gasto mensual promedio en música es de 14 dólares, frente a los 69 dólares destinados al video bajo demanda (Ríos, 2025). Esta diferencia señala un margen considerable para ajustar precios y segmentar la oferta. En consecuencia, se prevé que los próximos años estén marcados por una mayor diversificación de modelos de suscripción.

Otro indicador relevante es la caída en el número de canciones nuevas publicadas en 2024, lo que sugiere que los creadores perciben el mercado como saturado. El 87% de las canciones en Spotify no superan las 1.000 reproducciones, lo que limita su capacidad de generar ingresos (Ríos, 2025). Aunque existe preocupación por el papel de la inteligencia artificial, actualmente solo el 0,1% del “royalty pool” proviene de música generada por IA (Ríos, 2025). Si bien su impacto económico aún es marginal, la discusión en torno a su regulación y licenciamiento se intensificará en los próximos años, sobre todo por la creciente producción de contenidos automatizados.

Los mercados emergentes —América Latina, India, Sudeste Asiático, Oriente Medio y África— representarán el 75% de todas las nuevas suscripciones digitales en la próxima década (Ríos, 2025). Actualmente, solo el 8% de la población con acceso a internet en estas regiones paga por servicios de música digital, en comparación con el 38% en mercados desarrollados (Ríos, 2025). Aunque el ingreso promedio por usuario en mercados emergentes es significativamente más bajo (8 dólares al año frente a 31 dólares en países desarrollados), el volumen proyectado de usuarios compensará esta diferencia. En particular, la región Asia-Pacífico se consolidará como la más dinámica: MIDiA estima que superará los 500 millones de suscriptores en 2030, con China como principal motor de crecimiento (MIDiA, 2023).

El futuro de la industria musical global estará definido por una dualidad: crecimiento sostenido en ingresos y oportunidades, pero acompañado de retos estructurales que obligan a repensar los modelos de monetización y distribución. El directo se consolidará como la principal fuente de ingresos, mientras que los superfans emergen como un segmento clave para aumentar la rentabilidad. Al mismo tiempo, el streaming mantendrá su centralidad, aunque deberá evolucionar hacia esquemas más equitativos y sostenibles. La saturación de contenidos, la disminución del valor por hora reproducida y la irrupción de la inteligencia artificial son desafíos que demandan soluciones creativas y regulatorias. Finalmente, los mercados emergentes serán determinantes para sostener el crecimiento global, aunque su bajo ARPU obligará a diseñar estrategias adaptadas a sus contextos económicos y culturales. En síntesis, el futuro de la música dependerá de la capacidad de la industria para equilibrar volumen y valor, explorando nuevas formas de conectar con las audiencias y asegurar una distribución justa en la economía digital.

Referencias